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jueves, 21 de enero de 2016

Las cuatro claves de la crisis latente

crisis
Cuando irrumpió la Gran Recesión, la Reina de Inglaterra preguntaba en la London School of Economics cómo era posible que ningún economista la hubiera previsto. El hoy gurú económico de Ciudadanos, Luis Garicano, contestó que "en cada etapa, alguien confiaba en otro alguien, y cada uno pensó que hacía lo correcto". Es decir, quienes pilotaban el tren hacían lo correcto, no recibieron ningún aviso de la sala de máquinas pero, inexplicablemente, alguna pieza falló e hizo que el tren descarrilara. Sin embargo, economistas críticos llevaban años avisando de que algo gordo podía pasar. 
La crisis que nació en 2008 nos acompaña tan persistentemente que se podría decir, incluso, que nos hemos acostumbrado a ella. A su brutal normalidad. Tal es así que los nuevos indicios de que la Gran Depresión va a entrar en su 'segundo round' parecen estar pasando inadvertidos o, al menos, no se les está prestando la atención que requerirían. Con el objetivo de que economistas como Luis Garicano no puedan volver a repetir impunemente su fatídica frase, aquí van las 4 claves por las que la crisis va a volver a golpear.

1- Seguimos en el 'primer round'. El régimen de la "demanda tensionada".

Empleo e Inversión crisis
Fruto del desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar, la caída de los salarios reales y el aumento de la desigualdad bajo el 'statu quo' neoliberal, la caída del poder adquisitivo de la gran mayoría de la ciudadanía mantiene la demanda, el consumo, a régimen. Vivimos bajo el régimen de la "demanda tensionada". Así, durante los primeros compases de la Gran Recesión, el golpe fue tan fuerte que los dirigentes mundiales parecían decididos a hacer algo, incluso "refundar el capitalismo". Por el contrario, se emprendió un a carrera contrarreloj para socializar las pérdidas de la banca y apretar aún más la demanda mediante las políticas de austeridad. 
Tanto en EE.UU. como en Europa se promovió una caída del tipo de interés (mediante diferentes vías) con la esperanza de que el crédito volviera a regar la economía, creciera la inversión y, con ella, el consumo. No contaban (o sí) con la 'trampa de la liquidez': en un entorno de deflación (caída de los precios) es preferible conservar el dinero a invertirlo, sea cual sea el tipo de interés. Alguna mente desconfiada podría pensar que la bajada de tipos tan solo perseguía financiar prácticamente gratis a la banca quebrada. Por lo tanto, el crédito productivo no se ha restituido. Tampoco lo han hecho la inversión, ni el empleo ni, por lo tanto, el consumo.

2- Sin consumo no hay comercio.

Lógico: si la respuesta a la crisis no ha sido capaz siquiera de restituir la capacidad de compra de las ya depauperadas desde los años 80 clases medias y trabajadoras, el comercio mundial se ha de ver afectado. El "Índice Báltico" se creó en 1985 como una forma de medir la salud del comercio internacional. En 2008 ya anticipó la crisis con una brusca caída y la prensa económica alerta de que este índice no ha dejado de caer durante todo 2015 y que se encuentra actualmente en mínimos.

3- Sin comercio, China sufre.

China es la segunda potencia comercial del mundo por detrás de la UE-28, la primera si solo comparamos entre países y, además, el comercio exterior representa más del 40% de su economía. No es de extrañar por lo tanto que, con la demanda de los países consumidores estancada y el comercio internacional muy resentido, la economía China atraviese turbulencias muy serias. Tan serias como para que las autoridades chinas devaluaran el yuan para combatirlas hace ya medio año y sin éxito, pues asistimos las últimas semanas a jornadas en la Bolsa de Pekín realmente duras. 
Algunos economistas, viendo la que se les viene encima, abonan el camino para que se atribuyan las causas de este 'segundo round' de la Gran Recesión a fallas en la organización monetaria y, en concreto en su regulador: el Estado. Confunden causas con consecuencias. Las crisis siempre comienzan en la economía real y esta es sistémica.

4- Si China sufre, las materias primas sufren.

Cuando la economía de un país que alberga a 1 de cada 5 habitantes del planeta pasa por dificultades, la economía mundial no puede esquivar el embate. Si aprietas al régimen de la "demanda tensionada" con las políticas de austeridad europeas, la leve recuperación de EE.UU.-inmerso en la trampa de la liquidez- y le añades la caída del gigante asiático, las consecuencias para la demanda son realmente trágicas. El comercio de materias primas entre África (su principal suministrador) y China cayó un 40% el año pasado y lo seguirá haciendo. La consecuencia es que los precios de las materias primas están en caída libre, lo que es una buena noticia a corto plazo para sus consumidores -como es el caso de España con el petróleo- pero una muy mala a medio plazo para los productores. 
Las noticias de yacimientos de 'shale' en EE.UU. en los que se invirtieron cifras disparatadas que tienen que cerrar por los bajos precios del petróleo no dejan de sucederse. Sabiendo que la burbuja del 'fracking' (técnica mediante la que se extrae este petróleo no convencional) fue hinchada por el sistema financiero estadounidense, tenemos el cóctel listo para que el 'segundo round' de la Gran Recesión comience pronto. 

La crisis ya está en marcha, en realidad, desde los años 80, pues se trata de una crisis sistémica que tiene su origen en el régimen de la "demanda tensionada". Las señales están ahí y si se fían más del Royal Bank of Scotland... ¡vendan todo!



martes, 10 de febrero de 2015

No diga salarios ligados a la productividad, sino al PIB

La Patronal ha propuesto recientemente que los salarios crezcan o disminuyan según crezca o disminuya el PIB. La propuesta llama la atención en tanto que una forma de calcular en PIB consiste precisamente en la suma de la Renta de los Asalariados y la Renta del Capital. Se agregan todos las rentas salariales por un lado y todas las rentas del capital (alquileres inmobiliarios, dividendos de acciones, intereses de depósitos...), dando como resultado el PIB de un año*.

Es decir: proponen que el crecimiento de los salarios esté ligado a sí mismo, al menos en una proporción. En España, los salarios son una proporción de entre un 45% y un 50% entre 1996 y 2013 (PIB a precios de mercado, base 2010). Para facilitar los cálculos que haremos posteriormente, asumimos la conservadora premisa de que los salarios representan la mitad del PIB.

En primer lugar, observamos la evolución del crecimiento, de un año a otro, de los salarios con respecto al crecimiento el mismo año del PIB total. Como revela el gráfico, durante los años de bonanza los salarios crecían ligeramente por debajo del PIB y, tras un brevísimo ajuste en los primeros años de la crisis, los salarios crecen sustancialmente por debajo de él. Por ello, a priori, la propuesta de la patronal puede parecer una buena idea que habría neutralizado la redistribución regresiva de rentas que ha supuesto la crisis (más desigualdad en el ingreso y menor poder adquisitivo de la mayoría de la población).

Salarios PIB
Crecimiento interanual de los salarios y el PIB. Fuente: Elaboración propia a partir de INE.

No obstante, debemos tener en cuenta que el dato de la Renta de los Asalariados es una suma de todas las rentas de todos los trabajadores/as del país, por lo que su disminución no solo responde a a la caída real de los salarios tomados individualmente, sino también a que hay millones de salarios que se han dejado de cobrar por la destrucción de empleo. Esto es, estaríamos midiendo la distribución funcional de la renta, no la distribución personal.

Lo que sucedería, si lo medimos desde esta segunda óptica, sería lo siguiente:

1/ Se agravarían las desigualdades que la crisis ha intensificado.
2/ El poder adquisitivo de todas las personas asalariadas caería.
3/ La subida de los salarios no dependería del desempeño de los trabajadores/as, sino de los capitales. Se estaría ligando los salarios a la productividad, pero diciéndolo de una forma aparentemente neutra.

¿Cómo? Sirva un ejemplo. A un mismo nivel de empleo, si un primer año los salarios crecen un 3% y las rentas del capital otro 3% -asumiendo como decíamos, que cada parte supone la mitad del PIB, es decir, que afectan  con la misma intensidad al crecimiento del PIB, cada una aportando la mitad del crecimiento- al año siguiente se negociaría una subida salarial del 3% (1,5+1,5, la mitad aportada por cada variable). Si al año siguiente los salarios suben ese 3% y las rentas del capital un 2%, se fijaría una subida salarial para el siguiente ejercicio del 2,5% (1,5+1). Al siguiente, esa subida del 2,5% y un aumento de las rentas del capital del 4%, se fijaría para el siguiente período un crecimiento salarial del 3,25% (1,25+2). Así pues, la fuerza que impulsaría los salarios al alza o a la baja es el comportamiento del capital (cuánto aumentan las rentas por alquileres, los dividendos o los intereses por los depósitos), es decir: de cuánto rendimiento generan los asalariados a los perceptores de capital (productividad). 

Es cierto que en una crisis prolongada como la actual se habría suavizado la caída de los salarios, pero a costa de dos cuestiones importantes:

Productividad sectores España
1/ La productividad no depende tanto del mejor o peor desempeño de los asalariados, sino a la estructura productiva y organización empresarial: sectores en los que se invierte (Construcción y Hostelería, por ejemplo, tradicionalmente menos productivos) y la forma en que se distribuye el ingreso entre propietarios, directivos y trabajadores.

2/ Los incrementos de productividad durante la crisis en España no han sido fruto del mejor hacer de ningún agente económico, sino del saqueo que las élites empresariales llevan a cabo en el sector privado, como las élites políticas (tan interrelacionadas) lo han hecho en el público. Prueba de ello lo da el fortísimo incremento de la productividad vivido en el sector que más empleo destruyó con la irrupción de la crisis: la construcción. 

Es decir: mientras se destruía empleo, los beneficios se han mantenido, disminuido en menor medida o incluso aumentado.

Por lo tanto, ligar los salarios al PIB no es otra cosa que la vieja reivindicación de la gran patronal de vincularlos a la productividad, revestida de la neutralidad que le confiere el indicador por antonomasia, erróneamente asociado al bienestar. Ligar los salarios a la productividad no solo supone de facto una merma en el poder adquisitivo de la ciudadanía, sino que ni siquiera supondría un incentivo meritocrático para los trabajadores, más bien un elemento accesorio al saqueo del capitalismo corporativista de amiguetes que sufrimos en este país.
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* Despreciando los impuestos netos sobre importaciones y exportaciones.

jueves, 13 de noviembre de 2014

La Agencia Internacional de la Energía prevé una catástrofe energética y la soluciona. El poder mágico del mercado.

DOS CLAVES Y DOS REFUTACIONES

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha lanzado su Informe Anual, del que se puede obtener de manera gratuita su resumen aquí. A pesar del negativo titular que encabeza este post, veraz pero evidentemente elegido para provocar, la AIE hace un nuevo ejercicio de optimismo infundado. Cabría calificarlo, incluso, de cínico optimismo, pues con los datos que ellos mismos manejan y ofrecen es difícil de creer. Como si trataran de no alarmar a la población para que el sistema socioeconómico siguiera trabajando business as usual. 

Las dos ideas fuerza de este informe son que la demanda de energía mundial va a crecer un 37% hasta 2040, lo que va a generar tensiones en el suministro, algo que será felizmente solventado gracias a las mejoras de eficiencia energética y a una mayor inversión. Ni los conflictos en Oriente Medio, ni la guerra civil en Ucrania, ni siquiera el estancamiento de la cantidad de petróleo extraída anualmente son restricciones suficientes como para que la sociedad planifique una transición hacia un modelo de baja intensidad energética.

Eficiencia energética

El informe hace referencia, por un lado, a un sistema económico que crece con una intensidad material y energética decrecientes, al apoyarse de manera creciente en el sector servicios y la industria ligera. Esta creencia hace referencia a la curva de Kuznets ambiental, según la cual el crecimiento económico genera el ahorro suficiente como para ser invertido en sectores menos intensivos en materia y energía, así como mejorar la eficiencia de la que se usa. Este modelo ha sido refutado por abundantes estudios empíricos*, en tanto que, de un lado, la economía de servicios está fuertemente ligada al uso de materiales (una empresa turística es de servicios, pero requiere la construcción y mantenimiento de transatlánticos) y, de otro, la existencia del efecto rebote. Ilustremos el efecto rebote con un ejemplo presentado en el gráfico inferior.


 Los incrementos en la eficiencia energética en el transporte por carretera (millas por galón de combustible) se traduce en un aumento de las millas recorridas anualmente por los coches estadounidenses en el período analizado. O dicho de otro modo, las mejoras en la eficiencia inciden en un menor precio de la energía, lo que estimula su demanda al alza, compensando y sobrepasando la ganancia de eficiencia inicial. Por establecer un ejemplo a escala nacional, según Duarte et al (2013)**, entre 1995 y 2005 España y Portugal redujeron sus emisiones de efecto invernadero en torno a un 10% por mejoras en la eficiencia, pero estas fueron compensadas con un aumento de alrededor del 55% empujadas por el incremento de la actividad económica, generando finalmente un balance negativo del 45% a pesar de la reducción inicial. Esto es lo que hace que, aunque el sistema económico requiera de menos energía por unidad de PIB, el amplio crecimiento de este haga que, en términos absolutos, la cantidad de energía final consumida a nivel mundial no deje de crecer.

BP Statistical Review 2012


Por lo tanto, no cabe esperar grandes cosas a escala planetaria de las mejoras de eficiencia energética global (curva de Kuznets) o a escala local (efecto rebote). 

Mayores inversiones

Según la AIE, para que el incremento de la demanda no choque frontalmente con una oferta (la generación de energía) que crece menos, basta con que se realicen mayores inversiones en el sector energético. 

Aquí el problema fundamental es de recursos y directamente relacionado con el cénit del petróleo (peak oil). La principal fuente de energía que nutre (que devora) nuestras economías es el petróleo (39% del Consumo Final de Energía en la UE en 2012 según Eurostats) y la propia AIE reconoció que la producción de petróleo convencional alcanzó su techo en 2006. Mientras el petróleo no convencional extraído anualmente decrece, la oferta de crudo se mantiene gracias a unos petróleos no convencionales con una (muchísimo) menor capacidad energética y más caros de extraer. No solo eso, sino que sus principales yacimientos dejarán de surtir al principal productor (EE.UU.) a ritmo creciente antes de que termine esta década, lo que generará importantes shocks de precios. Por su parte, la energía nuclear, aparte de ser insoportablemente costosa en términos económicos y ambientales, no puede hacer gran cosa. Para sustituir la capacidad energética del petróleo con energía nuclear acabaríamos con las reservas de uranio en menos de una década (Coderch, 2007). Las energías renovables también presentan sus limitaciones, pues hoy en día están íntimamente ligadas a la generación eléctrica, lo que supone una pequeña parte de la energía final consumida (22% en la UE en 2012). Además, la energía eléctrica se muestra incapaz de sustituir al petróleo en algunos de sus usos, como por ejemplo hacer volar un avión. Por último, los biocombustibles poseen una capacidad energética bastante difícil de igualar al petróleo. No en vano este no es otra cosa que biomasa que, por ejemplo, para proporcionarnos hoy un galón de gasolina, han tenido que permanecer fosilizadas durante millones de años nada menos que 98 toneladas.

Conclusión

La AIE (que, por cierto, asume que la temperatura mundial estará 3,6ºC por encima de los niveles preindustriales) es consciente de los retos energéticos a los que se enfrenta la especie humana en las próximas décadas. No obstante, parece sentirse cómoda con los viejos modos de hacer y dejarse llevar a la deriva por la mano invisible del mercado, que logrará reducir las tensiones energéticas vía eficiencia y vía inversiones. 

Lo más razonable, no obstante, sería prepararse para problemas en el suministro en menos de 6 años y planificar una transición hacia un sistema socioeconómico de baja intensidad energética. Sin embargo, si estos son los generadores de información y consulta de los Gobiernos, parece poco probable que esta transición planificada vaya a tener lugar y seguiremos navegando a la deriva hacia un desastre energético.

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* Cabe destacar el trabajo de Tapia-Granados y Carpintero (2013): "Dynamics and economic aspects of climate change.

Duarte, R.; Mainar, A. y Sánchez-Choliz, J. (2013). The role of consumption patterns, demand and technological factors on the recent evolution of CO2 emissions in a group of advanced economies. Ecological Economics(96), 1-13.

Coderch, M. (2007). "Energía nuclear: agonía o resurrección". En A. Cirera, A. Benach, & E. Rodríguez Farré, ¿Átomos de fiar? Impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente. (págs. 127-139). Madrid: Los Libros de la Catarata.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Ucrania: a todo gas hacia Europa.

El futuro nuevo miembro del Club de los PIGS.



La consecuencia inmediata de que tu país entre en la Unión Europea es que a partir de ese momento accedes al derecho a viajar y comerciar con los países de ese club sin restricciones. A priori, parece un objetivo político-económico deseable y a nadie debería extrañarle la fuerte movilización en Ucrania para que su país dé este paso.

Pero si escarbamos un poco más en las consecuencias de la entrada en la UE podemos observar lo desiguales que son estas en función de la estructura económica del nuevo país miembro. Comerciar sin restricciones -sin poder tomar decisiones de política comercial- conlleva que los productos y servicios de tu país pasan a competir con los del resto de países de la Unión, sin trabas. Los más competitivos se venderán, el resto no. Algunos de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) mantenían estructuras productivas muy poco competitivas a la hora de entrar en la Unión Europea. 

El Gráfico inferior nos muestra la evolución de la Balanza por Cuenta Corriente de cada país desde el año en el que entró en la UE. Una balanza por Cuenta Corriente negativa implica, simplificando, que lo que ingresas del exterior es menor que lo que gastas en el exterior. Si tu Balanza por Cuenta Corriente es negativa -y no compensada por la cuenta de capital- tienes que financiarte en el exterior. Este es el origen de la crisis europea, como explicaba en un post anterior.
Ucrania tiene todas las papeletas para sufrir la misma suerte que la Grecia, España y Portugal de los años 80, y de un salto unirse de la noche a la mañana al club de los PIGS, galón solo concedido a países de suficiente envergadura como es su caso.

Hay que señalar que la Balanza Comercial de Ucrania (Gráfico inferior. Fuente: UN Comtrade), a día de hoy, tiene un comportamiento razonablemente sano, en unos níveles extremadamente similares a los que tenían los PIGS analizados antes de entrar en la Unión y que a continuación cayeron en picado.



Las principales exportaciones ucranianas son esencialmente Hierro, Petróleo y productos agrícolas. Algo más del 25% del total de sus exportaciones están destinadas a Rusia, mientras que dedica algo menos del 10% a sus tres principales socios comerciales en la UE: Polonia, Italia y Alemania. En este mundo multipolar en el que se están desdibujando los mapas de hegemonía política y económica, Europa asestaría un duro golpe a Rusia al hacer virar el comercio ucraniano hacia el Oeste.


Hace solo unos días, Ucrania firmó un contrato sobre producción conjunta de gas y petróleo para nuevas exploraciones en el Mar Negro. La Agencia Internacional de la Energía prevé, en uno de los escenarios que habitualmente plantea, que la producción de petróleo en Europea decaerá a un ritmo del 2,9% anual entre 2009 y 2035 (Gráfico). Mientras tanto, para el mismo período de tiempo, la producción del grupo de países en el que se encuentra Ucrania (No-OECD. Europe/Eurasia) crecerá moderadamente (0,3% anual).

La cosa está clara: con una demanda estable o creciente, Europa necesita reducir su dependencia exterior del petróleo. Ucrania es una pieza fundamental no solo por su producción interna de crudo y gas, sino porque es la puerta de entrada del gas ruso. Aún sin prever estas tendencias inexorables, Europa aprendió una valiosa lección cuando Putin cerró el grifo del gas a través de Ucrania y es sabedora de la vital importancia que tiene la resolución de la encrucijada ucraniana. 

La entrada de Ucrania en la UE sería un mal negocio para Rusia y uno incierto para la Unión Europea, pues permitiría resolver la cuestión del petróleo y el gas durante un tiempo pero, al mismo tiempo, profundizaría en el desequilibrio regional de la Unión. Además, con toda probabilidad, sería uno desastroso para una población que exige democracia y mejor calidad de vida, algo que, como sabemos, Europa no te garantiza.

La ciudadanía ucraniana se echa a la calle en busca de la modernización económica y política con la que suele identificarse la pertenencia a la Unión Europea. Sin embargo, vemos que la cuestión no es tan simple y que, una vez más, la realidad no tiene una sola cara y que en este puzzle existen intereses encontrados. La entrada en la UE podrá estimular la exportación de petróleo, aunque a costa de convertirse en importador neto de productos elaborados de alto valor añadido y terciarizando (economía de servicios) su economía, como se ha visto en países que anteriormente recorrieron el mismo camino. De la capacidad del pueblo ucraniano para dirimir su encrucijada teniendo en cuenta todas las variables posibles depende su futuro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ SUBEN LOS PRECIOS?

 LAS DISTINTAS POSTURAS Y LA POLÍTICA DE LA UE.

Como ya adelanté hace una semana citando unas palabras de Sampedro, tenía ganas de escribir algo acerca de los precios y de la inflación. Se trata de una cuestión con más relevancia de la que pensamos en la desinflada Europa actual, pues como ya vimos, juega un papel importante en las diferencias entre Europa del Sur y del Norte. Además, la inflación es una realidad muy actual y ciertamente persistente en América Latina, cuestión por la que fuí recientemente preguntado.

¿Por qué suben los precios? ¿Por qué el modo de producción capitalista es intrínsecamente inflacionario? ¿Cuál es la razón por la que en América Latina los precios, literalmente, vuelen? ¿Por qué preocupa tanto al Banco Central Europeo cortar las alas a los precios?

Para la ortodoxia la respuesta es el monetarismo, según el cual, los precios aumentan si hay una cantidad de dinero superior a la necesaria en la economía. Siguen la teoría cuantitativa del dinero, brevemente descrita anteriormente, por lo que exigen una entidad independiente que controle la cantidad de dinero en circulación como única intervención necesaria para que la economía se autorregule. Este papel lo juegan los Bancos Centrales, como el BCE.

También dentro de la ortodoxia se afea a los salarios la capacidad de tener efectos alcistas en los precios. A través de esta deducción teórica, se contruye la Curva de Phillips, que relaciona la estabilidad de precios y el empleo, dibujando una incompatibilidad manifiesta de ambos objetivos de la política económica. Esta visión fue impulsada por Keynesianos y aceptada por los monetaristas hasta la década de los 70, en la que esta teoría quedó refutada por la vía de los hechos: los altos precios y el alto desempleo simultáneo.

Yéndonos a la heterodoxia, cuando no disidencia, podemos apreciar las discrepancias de estos modelos desde el estructuralismo y el marxismo. Una vez el keynesianismo en su totalidad se hunde en los 70, presionado por la crisis económica, la reprobación de facto de la Curva de Phillips propició la entrada triunfal del monetarismo al trono de la hegemonía ortodoxa. Es entonces cuando se desarrollan las políticas neoliberales en ese laboratorio social llamado latinoamérica: las dictaduras de Pinochet y Videla en Chile y Argentina son buenas noticias para los negocios y para abonar las políticas neoliberales. "Lo importante no era el desempleo, sino los precios, hasta el punto de elaborarse una nueva tasa denominada NAIRU (tasa de desempleo no generadora de inflación)", dice Carlos Berzosa en su trabajo con José Luís Sampedro, La inflación (Debate, 2012).

En este contexto, los economistas de la CEPAL, comienzan a plantear sus objeciones al monetarismo: el exceso de la cantidad de dinero no es una causa, sino una consecuencia. El error del monetarismo sería, según una analogía de Sampedro, que tras investigar la inundación de un pueblo concluir que la causa es el exceso de agua y no la ruptura del embalse aguas arriba.

Según los estructuralistas la inflación latinoamericana se debe, resumiendo, a:

* La baja capacidad exportadora
* El bajo nivel de ahorro
* Un sistema tributario regresivo.

Estos factores, subrayan,hacen imprescindible la creación de dinero para corregir estos desequilibrios estructurales. Además, este proceso inflacionario, se vería reforzado por la presión acumulativa de la propia inflación, que implica subidas de los tipos de interés y el desplazamiento de la economía hacia el plano especulativo e informal.

Por su parte, en su citado trabajo, Sampedro y Berzosa añaden condicionantes sistémicos y sociales al estudio de los precios. Hablan, entre otras cosas, a propósito de la referida inflación de salarios, de cómo son los beneficios empresariales y no los sueldos, los que empujan los precios hacia delante. La reproducción del capital -el sostenimiento de la actividad productiva de un ejercicio económico a otro- hace necesarias las subidas de precios. La inflación es una característica esencial del capitalismo. Incluso bajo la dominación del monetarismo se genera inflación.

El marxismo ortodoxo proporcionaría un armazón teórico a los cuestionamientos de Sampedro y Berzosa. La competencia entre los capitalistas  conduce a la elminación de los capitales más ineficientes, llegando a una situación en la que el capital se concentra y se centraliza en pocas manos. Se da una situación de monopolio (más frecuente hasta los 80) o de oligopolio (más frecuente en la actualidad). Esta situación de poder es el acicate necesario para que las empresas alcen los precios. No es descabellado pensar en este tipo de control en sectores tan importantes para la vida de las personas como los combustibles, energía, telecomunicaciones, inmobiliario y el agroalimentario.

Una explicación más refinada, dentro del Marxismo, la da Anwar Shaickh. Según ella y, sin extenderme demasiado, la inflación es consecuencia de tasas de inversión superiores a la capacidad reproductiva del capital. Es decir, que si la tasa de ganancia de una economía crece al 5% y la inversión al 7%, por ejemplo, esa diferencia solo puede recuperarse a través de subidas de precios. Esto explicaría, junto con las cuestiones estructurales apuntadas por los economistas de la CEPAL, la persistente inflación de, por ejemplo, Venezuela, un país que está viviendo un impulso inversor crecientemente superior al de la tasa de beneficio.

Como reflexión final, me gustaría señalar cómo el monetarismo ha logrado identificar a la inflación como un elemento perturbador de la economía provocado por agentes externos al sistema económico, que impiden sus idílicos equilibrios, hasta el punto de colarse en la RAE. Según ella, la inflación es la "elevación notable de los precios con efectos desfavorables para la economía de un país".  Si en la RAE supieran que la inflación es consustancial  al capitalismo, ¿la darían el mismo tratamiento? Esta fé ciega en las políticas monetarias son las que tienen sumidas a Europa en la receta de la austeridad, no vaya a ser que la gente disfrute de calidad de vida y suban un poco los precios o el Euro se desestabilice.






miércoles, 24 de octubre de 2012

IVA y tasas universitarias: más que números

LA DOBLE PUÑALADA DEL AUMENTO DE LA IMPOSICIÓN INDIRECTA

Los impuestos siempre han sido un arma de doble filo para los economistas de la ortodoxia. Para la ortodoxia económica, el mecanismo de información esencial para consumidores y productores es el precio. Solo se toman decisiones óptimas y la economía se comporta eficientemente si estos precios son fidedignos. La alteración de estos precios socava la eficiencia de la economía pero, por otra parte, el Estado liberal debe sufragar ciertos gastos para la defensa de la propiedad privada. También Keynes decía que aumentar los tipos impositivos era uno de los instrumentos para aumentar los ingresos del Estado pero, por otra parte, reduce la renta disponible y por lo tanto el consumo. 
En el vídeo que tenéis aquí encima, diferentes dirigentes del gobernante Partido Popular protestan la decisión del anterior Gobierno del PSOE. No tiene desperdicio. Ambos Gobiernos justificaron su polémica decisión en la necesidad de, siguiendo la religión del déficit cero, aumentar los ingresos del Estado. Pero, ¿qué sucedió? En un sincero documento de la Agencia Tributaria se afirma que la recaudación el año posterior se mantuvo (+0,4%) mientras que el consumo cayó considerablemente (-6,0%). 

Si bien la curva de Laffer es un constructo teórico ortodoxo encaminado a justificar las reducciones de impuestos, sirve para explicar ciertos comportamientos especialmente en épocas de tensión económica como la actual.

Este modelo explica que, dado un nivel de impuestos, una subida de estos puede conducir, paradójicamente, a una reducción de la recaudación. O al contrario. 

Como digo, opino que esto no es una ley general, sino que puede funcionar en etapas en las que la sensibilidad de la actividad económica sea más acusada. No solamente es que el balance de esta subida fuera claramente negativo, sino que además profundizó en la regresividad -más tienes, menos pagas en proporción- del sistema tributario, contraviniendo la Constitución con ello, por cierto. La nueva subida del PP se prevé todavía peor por el mayor volumen de la subida y la menor renta disponible por causa de los recortes.

¿Qué ha pasado en la Universidad? Pues, lamentablemente, algo muy parecido. Ya conocemos los datos de matriculación del presente curso en la Universidad de Valladolid y son ciertamente esclarecedores: Los alumnos de nuevo ingreso caen notablemente, el número total de alumnos se mantiene (+0,5 aprox.) y el número de créditos matriculados (asignaturas) disminuye nada menos que un 5,9%; la recaudación, impasible.

Las cifras y efectos son estremecedoramente parecidas a las provocadas por el aumento del IVA en la economía. Esta subida no solo es inútil, sino que reduce la calidad de vida y la calidad democrática de la ciudadanía, especialmente la de las clases más humildes. El acceso universal a los estudios superiores, como el acceso a los bienes necesarios para vivir dignamente, deberían ser un pilar básico para la igualdad de oportunidades que una democracia real necesita. Caminamos en dirección opuesta, y pronto alguien dirá aquello de "Ahora que el burro se había acostumbrado a no comer, va y se nos muere"

jueves, 18 de octubre de 2012

Dominio del lenguaje y frustración ciudadana

NEOLIBERALISMO: LA CIENCIA QUE NO EXPLICA NADA

En muchos ámbitos se conoce a la Economía como la ciencia lúgubre y no sin razón. Sin embargo, se trata de una injusticia, pues este tétrico nombre se le atribuye gracias al tratamiento de esta ciencia social que hace la Economía Ortodoxa, que se asimila a la Economía como disciplina y que totaliza el debate público y académico. Concretamente, reducir la economía a la "ciencia que analiza el comportamiento humano como una relación entre fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos" como propuso Lionel Robins en 1932, es la que le ganó a la Economía su triste adjetivo.

Aprovechando que pronto hablaré sobre teorías alternativas a la inflación -ya hablé de ello anteriormente para referirme a la crisis de deuda del Sur de Europa- hoy me remitiré a citar a José Luís Sampedro. En las líneas que transcribo a continuación, aborda el problema de la inflación, dando una lección magistral de Economía Política. La dominación del lenguaje por parte de la clase hegemónica hace incomprensibles a la ciudadanía los procesos económicos, los subsume en ellos y los inutiliza políticamente.

Os dejo con José Luís Sampedro (C. Berzosa y J.L. Sampedro, La inflación, 1976):

"La teoría convencional sólo ofrece una versión incompleta de la realidad y explica la inflación de una manera expurgada, como para menores de edad. Una ciencia tal es ciertamente curiosa. Y, además, resulta por fuerza decepcionante. Cuando el trabajador pregunta a esos manuales capitalistas por las causas de la inflación, recibe, con enfática insistencia y entre primores académicos más o menos frondosos, las dos principales respuestas siguientes, a menudo combinadas: una, que la culpa es del exceso de dinero en el mercado o un exceso de demanda y, otra, que la culpa la tienen el propio trabajador y sus compañeros, por empeñarse en obtener mayores salarios.
El trabajador se decepciona porque no hace falta el doctorado en economía para replicar a ambas respuestas. Ante la primera puede decir: ¿Por qué he de pagar yo las consecuencias de un exceso de dinero, si yo no lo provoco ni tampoco sobra en mi bolsillo? Ante la segunda, se sentirá justamente indignado: ¿Cómo no he de pretender mayor salario si con el mismo dinero al mes vivo cada vez peor? Pero ambas réplicas no sirven de gran cosa ante el mayor poder político de los que se justifican con las respuestas oficiales. Y el trabajador vuelve la espalda a los manuales, comprendiendo que son ajenos a su vida; pero sigue sin poder explicarle por qué le pasa lo que le pasa"


martes, 2 de octubre de 2012

TRANSFORMAR EUROPA O CRISIS ETERNA (II)

MERCADO COMÚN, DEUDA ILEGÍTIMA Y SALIDA DEL EURO


Ahora que hemos que hemos sembrado dudas respecto a un viejo lugar común en la Economía frecuentado tanto por ortodoxos como por no pocos heterodoxos, sin amedrentarnos un pelo vamos a reflexionar sobre otros tabúes. El primer tabú al que hemos desafiado no es otro que el de  la asunción de que el libre comercio entre naciones, cualesquiera sean sus estructuras productivas, es positivo para ambas. Ahora vamos a preguntarnos: ¿son, no solo el Euro, sino también el mismo mercado único europeo, un peligro para Europa del Sur?

La posición competitiva de un país con respecto a otro, suele medirse a través de la Relación Real de Intercambio (RRE), que incluye los siguientes elementos: 

(Pint*T.cambio)/Pext 
Donde: Pint es el nivel de precios en el país de referencia; Pext es el nivel de precios en el país externo con el que estamos llevando a cabo la comparativa; T.cambio el tipo de cambio entre las monedas de ambos países. Cuando de esta ecuación se obtiene una cifra superior a 1, implica una peor situación competitiva del país de referencia, pues su nivel de precios -ajustado por el tipo de cambio- es mayor que el del país externo. Las implicaciones del Euro en este escenario son obvias: 
1/ La capacidad exportadora de un país solo viene determinada por el nivel de precios -estructura productiva- de los dos países , pues el tipo de cambio es 1 al comerciar con la misma moneda.
2/ Para revertir una situación de déficit persistente en un país, no está permitido acudir a una política económica de tipos de cambio que mejore temporalmente la situación competitiva de este país.

Como vemos en el gráfico, la RRE de Europa del Sur (más Irlanda) con respecto a Alemania no ha hecho más que empeorar -siempre por encima de 1- desde la entrada en vigor del Euro.
En este contexto, las balanzas comerciales de Europa del Sur, arrastran un déficit sistemático por cuenta corriente del que es imposible salir. Lo más llamativo del gráfico es que esta divergencia en las balanzas comerciales se intensifica de forma sobresaliente desde la entrada en vigor de la moneda única. En este contexto, según la teoría cuantitativa del dinero, al disminuir la cantidad de dinero en circulación en Europa del Sur, los precios deberían disminuir, mientras que en Alemania deberían aumentar. En cambio, nos encontramos con esto:
.
¿Por qué la realidad se enfrenta tan violentamente a la teoría económica hegemónica? Siguiendo la teoría alternativa ofrecida en la anterior entrada, al disponer de menos medios de pago en los países deficitarios (Europa del Sur), las reservas bancarias disminuirían y las instituciones financieras, compitiendo entre sí, ofrecerán rendimientos mayores a quienes les ofrezcan financiación. Mientras, en Alemania, con mayores cotas de liquidez debido a su posición exportadora, los bancos están dispuestos a ofrecer un menor rendimiento a quienes les presten dinero, por lo que los bancos de Europa del Sur, se vuelven inusitadamente atractivos para los financieros alemanes.

Con este gráfico podemos demostrar, al margen del pánico que ha provocado la huida en el último año, la entrada de capitales en España durante los primeros años del Euro.

Y así es como el déficit en el Sur no solo no se revierte sino que se agrava, convirtiéndose en crónico, y se le suma un endeudamiento que se convertirá también en persistente, del Sur hacia el Norte.

Por lo tanto, identifiquemos las causas de esta situación:

1/ Una Europa con desiguales estructuras productivas, en un contexto de total libertad comercial, conduce a un déficit sistemático de balanza de pagos de uno, correspondiente con el superávit de otros.
2/ Que estos desequilibrios no se ajustan automáticamente como preconiza la teoría neoliberal, sino que se convierten en estructurales y generan indirectamente que los países deficitarios se endeuden con los superavitarios.
3/ La existencia de una moneda común impide realizar un ajuste vía tipos de cambio. Países con muy diferentes estructuras productivas, intercambian mercancías con la misma moneda como denominador común.

Poniendo de relieve que el mercado común beneficia más a unos que a otros, se hace necesario un replanteamiento de la política comercial de la Unión Europea; cuestionar la legitimidad de un endeudamiento exterior provocado por un orden manifiestamente injusto; romper el miedo a hablar de una salida ordenada del Euro por parte de Europa del Sur y que las fuerzas progresistas de estos países integren en su programa político este debate.

De lo contrario, tenemos crisis para rato.

Datos: elaboración propia a partir de Eurostats y Banco Mundial.

viernes, 28 de septiembre de 2012

TRANSFORMAR EUROPA O CRISIS ETERNA (I)

Por qué en el comercio unos ganan y otros pierden. Aproximación teórica.

La Economía Ortodoxa-ayer liberal, hoy neoliberal o neoclásica-, es la teoría hegemónica entre los economistas en la actualidad. Al contrario de lo que pueda pensarse, no está sujeta en esta posición por modernísimas técnicas y novedosas teorías que la enriquecen, sino más bien al contrario. Las raíces de la Economía Neoclásica se hunden en la España del siglo XVI. 

Martín de Azpilcueta (1.492-1.586), navarro al que podría considerarse como fundador de la Economía Clásica si el Imperio Británico no hubiera encumbrado a Adam Smith a estos altares, elaboró una rudimentaria teoría del dinero: la teoría cuantitativa. Resumiendo, observaba cómo -debido a la llegada masiva del oro americano- la variación de precios estaba directamente relacionada con la cantidad de dinero en circulación. Así, cuando aumenta la cantidad de dinero en la economía, los precios actuarían en consonancia. En seguida volvemos sobre ello.

Trescientos años después, David Ricardo (1.772-1.823), Economista y especulador en Bolsa, desarrolló la teoría de la ventaja comparativa para explicar el funcionamiento del comercio internacional. Según ella, al principio uno de los dos países que comercian sale ganando -el más competitivo- ya que el primero exporta al segundo, expandiéndose a su costa. A continuación se pone en marcha la teoría cuantitativa del dinero, pues el país importador inunda de dinero al exportador, haciendo que los precios se eleven, mientras que en éste pasa justo lo contrario. Así, el que exportaba se torna menos competitivo por la subida de los precios y el que importaba más competitivo, por lo que se intercambiarían los papeles hasta llegar a un punto de equilibrio. En equilibrio, ambos ganan.

La Economía Heterodoxa contesta impugnando la Teoría Cuantitativa del dinero. La teoría cuantitativa del dinero "es un viejo disparate", dice Marx, ya que el aumento de la cantidad del dinero lo que genera es una reducción de los tipos de interés -precio del dinero- en el país exportador -fruto del aumento de la liquidez- y un aumento de los mismos en el país importador. Un país con tipos de interés más altos es más atractivo para los financiadores, pues obtienen más rendimiento por su dinero. Según Anwar Shaikh, en sus Teorías del Comercio Internacional(Maia, 2009), esto provocaría la afluencia de capital financiero al país deficitario proveniente del país superavitario, haciendo que el déficit comercial sea permanente y financiado con préstamos del exterior.

El Comercio internacional, en una economía capitalista, no produce situaciones win-win en la que todos los concurrentes ganan, como decía Ricardo. Más bien lo que sucede es que la desigualdad entre los países se convierte en crónica y comparativamente perjudicial para el país menos competitivo. Ha-Joon Chang, en Retirar la escalera (La catarata, 2004), sostiene con datos incuestionables que los países industrializados se desarrollaron gracias al proteccionismo y que, una vez alcanzada su induscutible hegemonía económica, abrazaron el librecambismo y  obligaron a los países empobrecidos a abrazarlo del mismo modo. Así, la estructura económica internacional queda anclada en la situación en la que la los países industrializados comercian en relación de desigualdad, endeudando a los países empobrecidos. Pero, por supuesto, esta relación no es unidireccional ni estática. En el seno de la Unión Europea se ha creado una situación análoga a la del conjunto del planeta. 


En la próxima entrada será analizada con datos y estadísticas aplicadas a este problemática, que mantiene a Europa del Sur absorta en su propia miseria.



martes, 9 de marzo de 2010

Inmigración, teoría y política económica

La doctrina económica clásica y neoclásica se caracterizan por promover la total libertad económica, de modo que los precios sean el fiel reflejo del valor real de las mercancías -que vendría determinado por la escasez o abundancia de las mismas-, evitando cualquier distorsión externa como impuestos, subvenciones, etcétera. La política económica que aconseja ésta doctrina está encaminada, lógicamente, a reducir la intervención de los Estados a una serie de funciones administrativas, de garantía de marco legal y de seguridad militar.

Pero que el Estado no intervenga no es suficiente para que la formación de los precios sea, digamos, pura. Para ello son necesarios una serie de requisitos de entre los cuales hoy me interesa la movilidad de factores productivos. Las teorías ortodoxas, nos indican que la situación óptima en la economía requiere de la movilidad internacional de capital y trabajo. Así, centrándonos en sólo dos países y un solo sector de la economía, el país que en ese sector ofrezca unos salarios más altos atraerá a los trabajadores del otro país, generando una situación a largo plazo en la que los salarios para ese sector se igualen. De igual forma se comportarían los capitales.

La libre movilidad del capital a escala internacional es una política económica elevada al rango de ley, algo que queda fuera de todo debate. Las transacciones internacionales de capital no están sujetas a imposición, si siquiera el 1% de la tasa Tobin, lo que es coherente con la teoría económica neoliberal y que genera unas consecuencias no tan halagüeñas como proponen los teóricos-salvo para los poseedores de grandes fortunas- . No tienen ni una sola barrera.

Sin embargo, la coherencia anterior se desvanece cuando hablamos de la movilidad del trabajo. El mecanismo de ajuste automático que describe la teoría clásica no parece justificar en este caso el fomento de políticas que favorezcan dicha situación. En efecto, la inmigración no sólo se desincentiva y se trata de evitar, sino que, incluso, en algunos países, se persigue como un crimen.

En éste caso, quienes aconsejan la reducción e incluso desaparición de los Estados, no dudan en exigir que se repriman esos movimientos migratorios de personas, empujadas precisamente por un sistema económico internacional que avoca a al subdesarrollo a los países emisores. La movilidad internacional de capitales, que tanto beneficia a aquellos que los poseen, se consolida como una institución inquebrantable, defendida por las Instituciones Financieras Internacionales, economistas ortodoxos y Gobiernos interesados. Mientras tanto, miles de personas son arrojadas al mar y los caminos en busca de unas mejores condiciones de vida, impedidas en sus países, y son perseguidas y maltratadas a petición de aquellos que dicen exigir la Libertad con mayúsculas.

¿Qué clase de hipocresía es ésta?

viernes, 29 de enero de 2010

Jubilación a los 67

Será una entrada corta por mi parte, Ignacio Escolar en su blog, expresa fielmente lo que ha sucedido: un giro (descarado) del Gobierno del PSOE a la derecha. Son muchas las cuestiones que lo hacen sangrante. Soltarlo por sorpresa, sin consultarlo con los sindicatos, contradiciendo sus promesas emitidas hace menos de un mes y, ante todo, la ruptura que supone con el cosmético discurso que mantenía el Gobierno sobre la salida de la crisis (recordemos al dóberman) sin perjudicar a los más débiles y sin comprometer el sistema público de seguridad social.

Para muchos no es ninguna novedad que el PSOE no es un partido de izquierda, pero no deja de sorprender la falta más descarada de interés por buscar cualquier solución económica que no vaya contra los trabajadores. En un país con un 20% de tasa de desempleo y con una de las más bajas tasas de actividad de la UE -situación ésta estructural, independiente de la crisis, y que incide especialmente en mujeres y jóvenes-, la única solución que le ocurre para sostener el sistema de pensiones es recortar derechos, empeorar las condiciones de vida de los trabajadores y que sean precisamente los de clases más bajas -todos sabemos de las prejubilaciones de los trabajadores de rentas más altas- los que sostengan todo el peso de la seguridad social, un auténtico contrasentido que no hace más que agudizar las contradicciones inherentes al sistema económico al que estamos sojuzgados.

Y aquí, la reflexión de Escolar.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Las vacas explotadas

La teoría de la explotación de K. Marx parte de la premisa de que en el sistema capitalista existen dos clases sociales, capitalistas y trabajadores. El sistema se mantiene gracias a la obtención de beneficios (plusvalía) que provienen de la remuneración por debajo de su valor de los productos elaborados por los trabajadores. Es decir, que el salario recibido por un trabajador en concepto de la producción de un bien, le capacita para adquirir productos de menor valor que el de ese bien.

La respuesta neoclásica a la teoría de la explotación de Marx viene de la mano de la Teoría de la Distribución según la Productividad Marginal, enunciada por, entre otros, los neoclásicos Marshall y J.B. Clark. Parte del supuesto de una economía en competencia perfecta, que trae consigo una serie de condiciones:

* Inexistencia de monopolios (p. ej: Microsoft) u oligopolios (p. ej: compañías telefónicas). Las empresas no deciden los precios, son los mecanismos de mercado los que los determinan.
* Los productos son homgéneos, es decir: al consumidor le es indiferente comprar un producto que otro de la misma utilidad. No existen las marcas.
* La información es completa y gratuita.
* Perfecta movilidad de los factores de producción. Los trabajadores son iguales y a los empresarios les es indiferente contratar a uno u otro. A su vez, éstos tienen libertad de movimiento para trabajar donde el salario sea más alto (si el salario en la industria del automóvil es mayor que en la de los ordenadores, todos los trabajadores irán el 1º). Esto implica, a largo plazo, que todos los salarios se igualan.

A raíz de esto, las empresas que sobrevivan (darwinismo social) a la perfecta competición, tendrán una misma estructura de costes y los beneficios tenderán a ser nulos.

La Tª de la Productividad Marginal arranca precisamente de este punto. Cuando los beneficios son nulos, el precio de cada producto es igual a su coste de producción. (Ingresos=Costes --> Beneficio nulo). Tras un breve desarrollo analítico se llega a la conclusión de que el valor producido por los factores (capital y trabajo) es igual a su coste. De donde llegamos al meollo de la cuestión: El valor producido por el trabajo es igual a su coste, es decir: al salario. Asunto arreglado, alegremente J.B. Clark proclama que "la libre competencia tiende dar al trabajo lo que el trabajo crea" e, incluso, lleva más allá su osadía afirmando que "el período de diversidad irreconciliable, [...] parece cosa del pasado, y puede afirmarse que hemos llegado a una era de relativa unanimidad".

Hace tiempo, un amigo me contó un chiste. En él, se planteaba un problema de difícil solución en torno a una vaca a eruditos de distintos campos de la ciencia: un matemático, un físico, un químico y un economista. Todos responden en base a criterios de sus respectivas áreas y partiendo de supuestos observables. Pero cuando le llega el turno al economista, el supuesto de partida para su argumentación es: "Supongamos que la vaca es esférica...".

_____________________Soy una vaca

A mí, que me lo expliquen.