Mostrando entradas con la etiqueta Impuestos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Impuestos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ SUBEN LOS PRECIOS?

 LAS DISTINTAS POSTURAS Y LA POLÍTICA DE LA UE.

Como ya adelanté hace una semana citando unas palabras de Sampedro, tenía ganas de escribir algo acerca de los precios y de la inflación. Se trata de una cuestión con más relevancia de la que pensamos en la desinflada Europa actual, pues como ya vimos, juega un papel importante en las diferencias entre Europa del Sur y del Norte. Además, la inflación es una realidad muy actual y ciertamente persistente en América Latina, cuestión por la que fuí recientemente preguntado.

¿Por qué suben los precios? ¿Por qué el modo de producción capitalista es intrínsecamente inflacionario? ¿Cuál es la razón por la que en América Latina los precios, literalmente, vuelen? ¿Por qué preocupa tanto al Banco Central Europeo cortar las alas a los precios?

Para la ortodoxia la respuesta es el monetarismo, según el cual, los precios aumentan si hay una cantidad de dinero superior a la necesaria en la economía. Siguen la teoría cuantitativa del dinero, brevemente descrita anteriormente, por lo que exigen una entidad independiente que controle la cantidad de dinero en circulación como única intervención necesaria para que la economía se autorregule. Este papel lo juegan los Bancos Centrales, como el BCE.

También dentro de la ortodoxia se afea a los salarios la capacidad de tener efectos alcistas en los precios. A través de esta deducción teórica, se contruye la Curva de Phillips, que relaciona la estabilidad de precios y el empleo, dibujando una incompatibilidad manifiesta de ambos objetivos de la política económica. Esta visión fue impulsada por Keynesianos y aceptada por los monetaristas hasta la década de los 70, en la que esta teoría quedó refutada por la vía de los hechos: los altos precios y el alto desempleo simultáneo.

Yéndonos a la heterodoxia, cuando no disidencia, podemos apreciar las discrepancias de estos modelos desde el estructuralismo y el marxismo. Una vez el keynesianismo en su totalidad se hunde en los 70, presionado por la crisis económica, la reprobación de facto de la Curva de Phillips propició la entrada triunfal del monetarismo al trono de la hegemonía ortodoxa. Es entonces cuando se desarrollan las políticas neoliberales en ese laboratorio social llamado latinoamérica: las dictaduras de Pinochet y Videla en Chile y Argentina son buenas noticias para los negocios y para abonar las políticas neoliberales. "Lo importante no era el desempleo, sino los precios, hasta el punto de elaborarse una nueva tasa denominada NAIRU (tasa de desempleo no generadora de inflación)", dice Carlos Berzosa en su trabajo con José Luís Sampedro, La inflación (Debate, 2012).

En este contexto, los economistas de la CEPAL, comienzan a plantear sus objeciones al monetarismo: el exceso de la cantidad de dinero no es una causa, sino una consecuencia. El error del monetarismo sería, según una analogía de Sampedro, que tras investigar la inundación de un pueblo concluir que la causa es el exceso de agua y no la ruptura del embalse aguas arriba.

Según los estructuralistas la inflación latinoamericana se debe, resumiendo, a:

* La baja capacidad exportadora
* El bajo nivel de ahorro
* Un sistema tributario regresivo.

Estos factores, subrayan,hacen imprescindible la creación de dinero para corregir estos desequilibrios estructurales. Además, este proceso inflacionario, se vería reforzado por la presión acumulativa de la propia inflación, que implica subidas de los tipos de interés y el desplazamiento de la economía hacia el plano especulativo e informal.

Por su parte, en su citado trabajo, Sampedro y Berzosa añaden condicionantes sistémicos y sociales al estudio de los precios. Hablan, entre otras cosas, a propósito de la referida inflación de salarios, de cómo son los beneficios empresariales y no los sueldos, los que empujan los precios hacia delante. La reproducción del capital -el sostenimiento de la actividad productiva de un ejercicio económico a otro- hace necesarias las subidas de precios. La inflación es una característica esencial del capitalismo. Incluso bajo la dominación del monetarismo se genera inflación.

El marxismo ortodoxo proporcionaría un armazón teórico a los cuestionamientos de Sampedro y Berzosa. La competencia entre los capitalistas  conduce a la elminación de los capitales más ineficientes, llegando a una situación en la que el capital se concentra y se centraliza en pocas manos. Se da una situación de monopolio (más frecuente hasta los 80) o de oligopolio (más frecuente en la actualidad). Esta situación de poder es el acicate necesario para que las empresas alcen los precios. No es descabellado pensar en este tipo de control en sectores tan importantes para la vida de las personas como los combustibles, energía, telecomunicaciones, inmobiliario y el agroalimentario.

Una explicación más refinada, dentro del Marxismo, la da Anwar Shaickh. Según ella y, sin extenderme demasiado, la inflación es consecuencia de tasas de inversión superiores a la capacidad reproductiva del capital. Es decir, que si la tasa de ganancia de una economía crece al 5% y la inversión al 7%, por ejemplo, esa diferencia solo puede recuperarse a través de subidas de precios. Esto explicaría, junto con las cuestiones estructurales apuntadas por los economistas de la CEPAL, la persistente inflación de, por ejemplo, Venezuela, un país que está viviendo un impulso inversor crecientemente superior al de la tasa de beneficio.

Como reflexión final, me gustaría señalar cómo el monetarismo ha logrado identificar a la inflación como un elemento perturbador de la economía provocado por agentes externos al sistema económico, que impiden sus idílicos equilibrios, hasta el punto de colarse en la RAE. Según ella, la inflación es la "elevación notable de los precios con efectos desfavorables para la economía de un país".  Si en la RAE supieran que la inflación es consustancial  al capitalismo, ¿la darían el mismo tratamiento? Esta fé ciega en las políticas monetarias son las que tienen sumidas a Europa en la receta de la austeridad, no vaya a ser que la gente disfrute de calidad de vida y suban un poco los precios o el Euro se desestabilice.






miércoles, 24 de octubre de 2012

IVA y tasas universitarias: más que números

LA DOBLE PUÑALADA DEL AUMENTO DE LA IMPOSICIÓN INDIRECTA

Los impuestos siempre han sido un arma de doble filo para los economistas de la ortodoxia. Para la ortodoxia económica, el mecanismo de información esencial para consumidores y productores es el precio. Solo se toman decisiones óptimas y la economía se comporta eficientemente si estos precios son fidedignos. La alteración de estos precios socava la eficiencia de la economía pero, por otra parte, el Estado liberal debe sufragar ciertos gastos para la defensa de la propiedad privada. También Keynes decía que aumentar los tipos impositivos era uno de los instrumentos para aumentar los ingresos del Estado pero, por otra parte, reduce la renta disponible y por lo tanto el consumo. 
En el vídeo que tenéis aquí encima, diferentes dirigentes del gobernante Partido Popular protestan la decisión del anterior Gobierno del PSOE. No tiene desperdicio. Ambos Gobiernos justificaron su polémica decisión en la necesidad de, siguiendo la religión del déficit cero, aumentar los ingresos del Estado. Pero, ¿qué sucedió? En un sincero documento de la Agencia Tributaria se afirma que la recaudación el año posterior se mantuvo (+0,4%) mientras que el consumo cayó considerablemente (-6,0%). 

Si bien la curva de Laffer es un constructo teórico ortodoxo encaminado a justificar las reducciones de impuestos, sirve para explicar ciertos comportamientos especialmente en épocas de tensión económica como la actual.

Este modelo explica que, dado un nivel de impuestos, una subida de estos puede conducir, paradójicamente, a una reducción de la recaudación. O al contrario. 

Como digo, opino que esto no es una ley general, sino que puede funcionar en etapas en las que la sensibilidad de la actividad económica sea más acusada. No solamente es que el balance de esta subida fuera claramente negativo, sino que además profundizó en la regresividad -más tienes, menos pagas en proporción- del sistema tributario, contraviniendo la Constitución con ello, por cierto. La nueva subida del PP se prevé todavía peor por el mayor volumen de la subida y la menor renta disponible por causa de los recortes.

¿Qué ha pasado en la Universidad? Pues, lamentablemente, algo muy parecido. Ya conocemos los datos de matriculación del presente curso en la Universidad de Valladolid y son ciertamente esclarecedores: Los alumnos de nuevo ingreso caen notablemente, el número total de alumnos se mantiene (+0,5 aprox.) y el número de créditos matriculados (asignaturas) disminuye nada menos que un 5,9%; la recaudación, impasible.

Las cifras y efectos son estremecedoramente parecidas a las provocadas por el aumento del IVA en la economía. Esta subida no solo es inútil, sino que reduce la calidad de vida y la calidad democrática de la ciudadanía, especialmente la de las clases más humildes. El acceso universal a los estudios superiores, como el acceso a los bienes necesarios para vivir dignamente, deberían ser un pilar básico para la igualdad de oportunidades que una democracia real necesita. Caminamos en dirección opuesta, y pronto alguien dirá aquello de "Ahora que el burro se había acostumbrado a no comer, va y se nos muere"

martes, 23 de marzo de 2010

¡Que viva el IVA!


Así cantaba Concha Velasco en 1986, ante la entrada de España en la Unión Europea, ya que el impuesto cruzaba el Pirineo agarrado de la mano del mercado común.

El Impuesto sobre el Valor Añadido, o IVA, es un impuesto indirecto que grava al consumidor en su tipo general con un 16% del precio de los productos y servicios que éste adquiera. Cabe señalar que el peso del impuesto lo soporta enteramente el consumidor, ya que los minoristas o dispensadores de servicios tan solo retienen la cuantía del impuesto para ofrecérsela después al Estado, que lo guarda en su hucha: parte para las Autonomías, parte para el Gobierno Central. Por ésto se considera al IVA un impuesto eficiente, porque no altera las decisiones de los empresarios. Además, su uniformidad -mismo tipo para todos- y la ilusión fiscal -aparece integrado en el precio final de los productos- lo convierten en el impuesto favorito de economistas y políticos liberales. No debe sorprender que ésta medida que proviene de una orilla sea celebrada también en la supuesta orilla contraria por Alberto Recarte.

Una subida del IVA será soportada totalmente por los consumidores y éstos no tendrán instrumentos para averiguar qué parte de los nuevos precios que vendrán, forma parte de la subida del IVA, máxime cuando los precios en general han disminuido en los últimos tiempos y ahora se mantienen muy estables. Es la jugada perfecta. Pero ahora pensemos en las consecuencias (aún más) ocultas.

La imposición indirecta no considera criterios de equidad para el gravámen impositivo. El 16% (ahora 18%) será abonado indiferentemente por mileuristas que por millóneuristas, lo que no logrará sino aumentar la brecha entre unos y otros, contribuyendo a acrecentar la desigualdad y a anclar a los pobres en la pobreza y a los ricos en la riqueza. El mayor esfuerzo para completar la cesta de la compra será para las clases más humildes comparativamente mayor que el de las más pudientes -en clave pedagógica: no es lo mismo restar un 2% sobre una renta de 1.000€ (20€) que sobre una de 1.000.000€ (20.000€), el valor de cada € perdido es mayor para la primera renta que para la segunda por razones que se me antojan obvias: a uno le quedarían 980€ para cubrir sus necesidades y el otro contaría con 980.000€ para sus modestas adquisiciones-, en un momento en que aquéllas están en el paro y muchos ya sin cobrar la prestación.

Las condiciones de vida para las clases más bajas, en definitiva, se endurecen y, por primera vez en mucho tiempo, los adultos de hoy sabemos que nuestros hijos vivirán peor que nosotros (mayor jornada y vida laboral, más precariedad, menos salarios reales, mayor carga comparativa para el sostenimiento del sistema, etc.), mientras las grandes fortunas, las SICAV, siguen contribuyendo con un exiguo 1% a las arcas del Estado.

¿Hasta dónde puede tensarse la cuerda sin que se rompa?